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[Personajes] ¡El Loro Coirón Poh!

Escrito por ValpoInspira
Categoría: Arte Creado: Jueves, 18 Mayo 2017 01:22
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Fuente: Letramedia.cl

Cuando Valparaíso soñó con un Loro Coirón…

Thierry Defert, más conocido como el Loro Coirón.


@ValpoInspira

El Loro Coirón se ensaña explicando cómo le ha costado acostumbrarse a esa actitud de los chilenos de decir una cosa y después hacer otra. Es un hombre espontáneo y de lengua rápida. No por nada lo apodaron Loro en nuestras tierras. Su mente parece ir mucho más rápido de lo que su acento franchute quisiera expresar, y se ayuda del lenguaje corporal y gestos de manos para complementar lo que quiere decir.

Es despierto y dinámico, sus grandes ojos claros no alcanzan a ser ocultados por sus pobladas cejas, las que efectivamente recuerdan el coirón. Lo observa todo, es la esencia de su trabajo. Tal como se presenta, más que un dibujante, es un cronista, y su labor comienza con la meticulosa contemplación de la forma en que la gente se desenvuelve en los lugares que retrata. Llega al mismo sitio a la misma hora todos los días, y examina la rutina. La vida cotidiana de Valparaíso está en sus grabados.

A Valparaíso lo trajo un viaje que hizo a Tierra del Fuego en 1988. “Cuando estuve en África, los niños me llamaban fuego del campo, y un día viendo un atlas vi Tierra del Fuego, y pensé “¡es mi país!”, abre sus expresivos ojos imitando su sorpresa. Después de eso, Valparaíso era su destino obligado de cada año, hasta que terminó por anclar en este puerto en 1995. Sólo viaja algunos meses del año a Francia a visitar a su madre y continuar su trabajo.


Grabado de Caleta El Membrillo ©Carolina Castro

Cuenta que hay dos cosas que lo enamoraron de Valparaíso. “Cuando yo llegué era una ciudad olvidada, incluso por el país. La gente estaba mucho más pendiente de Viña del Mar, de Reñaca, pero no de Valparaíso, y me encanta esta idea de tiempo suspendido que lo caracteriza”. A esto agrega las miradas y la actitud de las personas, las que reflejaban la dura vida en el puerto: “Es algo que admiro mucho, la fuerza de carácter de la gente, porque para sobrevivir en un lugar de tiempo suspendido y olvidado, te hace muy muy fuerte”.


Lecciones en África

Con tan sólo tres años, Thierry Defert partió con sus padres rumbo a África. Su madre sería la nueva encargada de la Biblioteca del Centro Cultural Francés en Dakar, Sénégal, y además era responsable de recolectar y entregar libros en los alrededores más rurales. Esta experiencia sería uno de los mejores regalos de su vida, cuenta el Loro, ya que “para un niño es un sueño, una suerte de vivir una segunda cultura”.

Allí, Thierry asistió al colegio, sin muchos resultados, ya que su verdadera escuela fue Sénégal. “Allá hay una cultura de la palabra muy rica, de la lengua que hablan la mayoría de las etnias, que es el wólof, que significa “gente que habla”, ¡y es gente que habla mucho!”, explica encajando a la perfección su cualidad de buen conversador.

Además de esta cultura de la palabra, vivió también la cultura del canto. Sin tomar un respiro, comienza a relatar: “En wólof hay una palabra, griot, que significa la concepción de cantar y celebrar, como hacían antiguamente los trovadores. Entonces yo estuve inmerso en dos culturas, del canto y de la palabra, y entre las dos viví una buena cazuela de diversidad”, dice demostrando lo bien adoptado que tiene la jerga chilensis.


©Carolina Castro

Y así, continúa explicando, la mejor enseñanza que le dejó su paso por África fue que “allí, al revés de la sociedad occidental, donde se cree que el tiempo es propiedad de uno, como la tierra; en África la tradición es pensar que la tierra es del campo, y el tiempo, cada hora en que tú tienes comida y salud, es un regalo, no es un sufrimiento. Eso es súper importante, el pensar que cuando tienes comida y salud, cada hora de la vida es un regalo”.
¿Cómo fue entonces que entre la cultura de la palabra y el canto el Loro Coirón llegó al dibujo? “Es simple, porque yo no puedo cantar, escribo mucho sí, pero el dibujo es también como una terapia. Creo que el arte es una manera de equilibrar la buena onda de la personalidad. Y como digo, mis padres fueron súper buena onda conmigo aceptando mi destino de dibujante, entonces la idea es hacer lo que tú quieres, pero hacerlo bien. La vida es eso, es hacer lo que tú quieres, pero bien”, concluye satisfecho.

Valpo: su lugar y su momento

Si bien el Loro Coirón no es caricaturista, sus obras tienen una mirada muy distinta de Valparaíso. En sus trabajos hay vida, hay movimiento, hay detalles donde el porteño se ve identificado y siempre le saca a uno una sonrisa. Él no lo llama humor, sino que es simplemente la gente. “Me encantaría pintar como Camilo Mori o Carlos Hermosilla, pero no puedo. No soy caricaturista, soy grabador y cronista. Nunca podrás ver en mi producción una cosa cínica, nunca vas a ver un borracho en el suelo, créemelo porque soy un ex-borracho y no me gusta molestar a la vida. Entonces no es caricatura, es expresión a través del dibujo, y puedo hacer eso”.


Parte del trabajo del Loro Coirón sobre los lancheros del Muelle Prat ©Carolina Castro

No hay que olvidar que el Loro Coirón comenzó a dibujar en África, cuando lo sacaban de la sala de clases y se sentaba en el patio a observar y dibujar. Allí, enfrentado a una realidad muy dura de pobreza y enfermedad, nunca dejó de ver esta cultura del canto y la palabra con las cuales la gente se acompañaba. “Como te digo, siempre que tengas comida y salud, el resto es sólo felicidad”, repite una vez más la ley de su vida. Y eso retrata este grabador en sus trabajos, cuenta historias como un trovador, pero compone con una gubia en mano. Sus grabados son un canto a Valparaíso.

“¿Crees que tú encontraste a Valparaíso o Valparaíso te encontró a ti?”, la pregunta queda sostenida unos segundos, pero el Loro no puede callar por más. Así, comienza recordando: “Tengo un muy buen amigo que dice que “en la vida no hay lugares, hay momentos en los lugares”, y yo creo que los lugares te seleccionan. Y también hay otra frase que me gusta mucho que dice “cada uno es el sueño de otra persona”. Es súper interesante porque no puedes considerar a nadie como weón, y como somos el sueño de otra persona en el mundo, somos entonces el sueño de un lugar. Algo de nosotros es parte de un lugar”.

Inspirado, el cronista continúa reflexionando de la vida sumido en su propia corriente de la conciencia. Explica que cada uno tiene al rededor de 50 años para darse cuenta que se está en el lugar y el momento perfecto para realizar su sueño, como puede ser el iniciar una familia. “Eso me parece normal, yo me pregunto cuándo será el día en que nuevamente la gente, con tener comida y salud, pueda después hacer lo que quiera. Y esto es algo que la sociedad liberal no deja que suceda, porque no le habla a la gente de otra cosa que no sea consumir. ¿Podemos hablar de otra cosa? Hablemos de paz, de educación…”, comenta mostrando su descontento con la influencia que ha conquistado la sociedad del consumo.


El grabador contando sobre los detalles que incluye en sus trabajos sobre cosas que le gustan. Aquí muestra una boleta de Esval que está a nombre de Carlos Hermosilla, artista chileno que él admira. ©Carolina Castro

De las enseñanzas que le ha dejado Valparaíso, cuenta que la más importante es esta relación que se da entre la tierra y el mar, “porque en un puerto no hay centro, no existe un centro económico-político como en una ciudad, que puede ser la casa del alcalde, la iglesia o el supermercado. El centro de Valparaíso, como los puertos del mundo, está en la bahía. ¿Y qué hay en la bahía? Los visitantes. Entonces el centro cultural del puerto son los visitantes”. El Loro explica que esa es una de las características de la gente de Valparaíso, que es muy hospitalaria, porque la historia y la geografía le ha enseñado a acoger lo que el mar le trae, a los visitantes.

Cuenta que está muy agradecido de la recepción que ha tenido su trabajo en la gente, y confiesa que en un principio “la idea no era hacer una cosa tan larga con Valparaíso, pero yo acabé… ¿cómo se llama cuando los gatos hacen un ruido así?”, pregunta imitando un sonido grave, buscando la palabra precisa. “Yo acabé ronroneando con Valparaíso”.

El Loro cuenta que tienes muchos proyectos en mente. Nadie sospecharía que tiene 60 primaveras en el cuerpo. Dice que quiere cambiar la madera por la cerámica, y grabar en ella, pero le ha sido difícil encontrar cerámica de calidad que no se la lleven los importadores a China, por lo que aún es un proyecto. “Aparte, mi proyecto con Valparaíso es estar en más armonía con la ciudad, y la ciudad para mi es el pueblo. Pero la finalidad no es Valparaíso, es Chile”, expresa su deseo de seguir conociendo el país, sus pueblos y las culturas aymara y mapuche.

Puede que Valparaíso haya soñado un Loro Coirón, y lo atrajo con una Tierra del Fuego, porque el puerto necesitaba decirle el resto del mundo que su patrimonio es algo más que sus casas multicolores, sus ascensores y trolleys. Valparaíso tiene una identidad propia que está en los porteños, en su diario vivir, que es precisamente lo que este cronista se encarga de grabar en sus matrices.


©Carolina Castro

“Y eso retrata este grabador en sus trabajos, cuenta historias como un trovador, pero compone con una gubia en mano. Sus grabados son un canto a Valparaíso”.

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