
Vía: ESTRELLAVALPO.cl / Carla Olivares Rojas
Fotografía Portada: Juan Jordán C.
Fue de forma tímida y muy paulatina que un grupo de artesanos comenzó a instalarse en la plaza Aníbal Pinto, primero aprovechando algunas manifestaciones y eventos, para luego transformar ese sector en su lugar de trabajo.
Las artesanías dieron paso productos de manufactura propia, chocolates, cocadas, hamburguesas de soya, serigrafías y también productos usados, como ropa o libros, que en ese sector venden casi una decena de nuevos comerciantes.
Es en horas de la tarde cuando comienzan a poner sus paños en la vereda, para luego ofrecer sus productos al público. Todos se respetan, dicen, y aseguran que "nadie los molesta", aunque saben que no a todos les gusta que ellos estén ahí.
Fotografía: @valpofab
"No nos molestan tanto porque somos artesanos y no ambulantes. A veces vienen y nos piden que nos vayamos y nos vamos tranquilos. Eso pasa cuando de pronto llegan chicos más desordenados que andan en otra y no vienen a trabajar como nosotros", asegura un vendedor.
Buena venta
Algo desconfiados y reticentes a dar sus nombres son los artesanos, sin embargo, accedieron a contarnos su historia en un recorrido hecho por el lugar.
"Nosotros venimos de repente porque tenemos nuestro trabajo en otras partes, yo trabajo de niñera y él (su esposo) trabaja en construcción; entonces, cuando no trabajamos en nuestras cosas, venimos para acá", señala una de las vendedoras.
La pareja, junto a su pequeño hijo, se instala ahí algunas tardes a vender ropa. "Sirve para salvar el día", dicen, y, aunque no es algo permanente, están conscientes de que a algunos les molesta su presencia. "Algunos se instalan muy en la pasada y eso a veces molesta, pero nosotros siempre tratamos de no molestar a nadie", aseguran.
Otra de las artesanas vende serigrafías y sus amigos, chocolates artesanales, y aunque trataron de ofrecer sus productos en el comercio formal, se dieron cuenta de que en la calle ganaban más dinero y más rápido.
Fotografía Portada: Juan Jordán C.
"Llegamos acá por una opción laboral para poder vender nuestros productos más rápido. Trabajamos en tienda, pero no se mueve tanto como acá en la calle y nos va bien. La gente viene porque es un formato libre y hay harto respeto por el trabajo y por las personas", señala la comerciante.
Otra de las artesanas llegó desde Iquique a la Plaza Victoria a ofrecer sus productos. La competencia era fuerte y también existía celo entre los vendedores, por eso decidió emigrar e instalarse en "la Aníbal Pinto".
"Yo llegué hace como un mes de Iquique y me recomendaron este lugar. Yo me instalé primero en 'la Victoria' y no me fue muy bien, porque ahí se paga y de los otros puestos reclamaron. Entonces me recomendaron que me viniera para acá porque aquí todos tiran sus paños. Acá me ha ido bien y no he tenido problemas. De los edificios no nos dicen nada, yo creo que mientras no les tapemos la pasada, está todo bien", afirma.
Reclamos
Pero no todos ven esta actividad como miel sobre hojuelas, porque bastante molestia significa este pequeño "polo" comercial en los edificios vecinos.
Desde el edificio Cooperativa Vitalicia aseguran estar aburridos del espacio que han perdido para trasladarse, como así de las malas costumbres de algunos que se aprovechan para ingerir drogas o hacer desórdenes.
"Acá han ido a la intendencia, a la municipalidad, a la policía, a todos lados... A veces se quedan dormidos acá afuera y después los vemos vendiendo, tomando, fumando hierba. Algunos vienen a trabajar y otros no, pero si viene a eso de las seis de la tarde va a ver a algunos trabajando de pantalla porque están tomando y piteando. A veces se sientan en la entrada, los tratan de sacar, pero se ponen agresivos y nos empapelan a garabatos a todos", señalan en esa comunidad.
Desde el edificio vecino insisten en que a algunos les genera molesta la instalación de estos artesanos y comerciantes ambulantes, especialmente a los más adultos.
"Cuesta pasar caminando por ahí. A veces se ponen en la entrada y a la gente que le cuesta más desplazarse, es un problema. En estos edificios vive pura gente adulta y es complejo caminar. No me he dado cuenta que se pongan complicados, pero si uno pide el paso generalmente se corren y lo dan, claro que a los más abuelitos les complica que se ponen a fumar hierba y queda todo pasado", dice un vecino.
Aunque en horas del día la oferta es más o menos la misma, ya más tarde, durante la noche y en especial los fines de semana, algunos se instalan a vender alcohol en la vía pública, preferentemente cervezas que llevan en mochilas, coolers o carros. También hay algunos que se atreven con los famosos "queques mágicos"...
Vía: ESTRELLAVALPO.cl / Carla Olivares Rojas
Fotografía Portada: Juan Jordán C.